El rosa mexicano de una flor
Me encontraba en esa pradera y mi pensamiento solo era esa persona, solo era ese sentimiento, respiraba aire puro del campo, ¡y exhalaba corazones! era una escena tan ridículamente cursi que me solté a reír, que no podía decir palabra, porque todo eran versos de algún poeta que no conozco, que no he leído, pero me sentía la versión más cursi que me conocía.
Llego el momento, el reloj marcaba las horas y el tiempo pasaba, mi emoción se podía sentir en mis latidos, en como ese corazón se aceleraba por el simple hecho de que ese encuentro se llevaría a cabo en un par de horas, si lo fragmentaba eran minutos, eran pasos, me levante apresurado, me arregle la ropa que había elegido cuidadosamente la noche anterior para que mi cuerpo resaltara, lo que se tenía que resaltar y ocultara aquello que no me favorecía, aquello que no me daba confianza, camine brincando y bailando, y haciendo esas piruetas que hacen los bailarines de algún vals de alguna película, o alguna escena en un teatro, conforme caminaba encontraba personas que se reían de mi comportamiento, algunas "cuchicheaban" con otras y sentía sus miradas juiciosas, vi una tienda de flores y sin dudarlo compre la "peonia" más frondosa y más llamativa, con un hermoso color rosa mexicano que era difícil no notar al centro del canasto. Seguí mi camino al encuentro que no sabría si marcaría mi destino para bien, para mal, o para ser una Ilusión más pasajera de esta vida, y de este juego de prueba y error que llamamos "pareja".Llegue a esa estación esperando que la vida me diera el suficiente aire porque sentía que me lo estaba consumiendo totalmente, me sudaban las manos, las piernas, los pies, las axilas y faltando minutos tome el pañuelo de la parte trasera de mi pantalón, quite el sombrero, que aquello era una presa sosteniendo esa bocanada de sudor, seque un poco y repuse mi compostura, caminaba de un lado a otro, me frene en seco y recordándome mantente tranquilo, compostura, relájate y sobre todo ¡sonríe maldita sea!.
El tren arribo, las personas salían por esas puertas corriendo, algunas más tranquilas pero en todas direcciones, y yo me sentía en medio de un hormiguero detenido, con el corazón como tambor de orquesta y sosteniendo una flor tan fuerte que me sorprendió no se quebrase, conforme las personas avanzaban algunos me empujaban, algunos simplemente me miraban y seguían, buscaba entre la multitud y en ese momento solo quería tener una pancarta con su nombre por si no me lograba ubicar, otra idea era subirme a la banca que tenía cerca y gritar su nombre, en ese momento descubrí que me dolían las pantorrillas por estar tanto tiempo de “puntitas”. Conforme la gente se dispersaba yo sentí que una luz se encendía, una luz que solo me iluminaba a mí, y me quemaba y me daba un calor impresionante, como esas luces que pones para mantener el pollo rostizado a temperatura, así tal cual me sentía, el rubor se estaba apoderando de mis mejillas y me ardían. Miraba alrededor las personas encontraban a sus personas, algunos se abrazaban, algunos se saludaban de mano, tomaban las maletas de los otros, algunos eran gritos de papá, o abuela y yo seguía mirando alrededor como niño que se pierde en un supermercado, sin saber a dónde correr, a donde ir, o simplemente que hacer. La gente seguía pasando, la gente se fue desapareciendo hasta no quedar nadie en la estación. Una parte de mi quería llorar, pero seguía con la esperanza de ser toda una mala jugada, o que todo tenía una explicación, entre mis lamentos y mis ganas de haberme confundido de hora, de tren o lo que fuera espere al siguiente tren y me que esperando a alguien que nunca apareció.
Aun paso por esa estación y juro que en mi memoria aún existe ese hombre parado con los ojos bien abiertos mirando a todos lados, buscando, casi que gritando con la mirada, y me ha tocado sentarme en esa banca donde alguna vez corrieron esas lágrimas, y por un momento en esa madera clara puedo ver el color rosa mexicano que se destiño de aquella bella peonia que se quedó ahí una vez que me levante con todas esas ilusiones y decidí volver a mi vida, volver a la realidad, volver al juego.
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