Me encontraba en esa pradera y mi pensamiento solo era esa persona, solo era ese sentimiento, respiraba aire puro del campo, ¡y exhalaba corazones! era una escena tan ridículamente cursi que me solté a reír, que no podía decir palabra, porque todo eran versos de algún poeta que no conozco, que no he leído, pero me sentía la versión más cursi que me conocía. Llego el momento, el reloj marcaba las horas y el tiempo pasaba, mi emoción se podía sentir en mis latidos, en como ese corazón se aceleraba por el simple hecho de que ese encuentro se llevaría a cabo en un par de horas, si lo fragmentaba eran minutos, eran pasos, me levante apresurado, me arregle la ropa que había elegido cuidadosamente la noche anterior para que mi cuerpo resaltara, lo que se tenía que resaltar y ocultara aquello que no me favorecía, aquello que no me daba confianza, camine brincando y bailando, y haciendo esas piruetas que hacen los bailarines de algún vals de alguna película, o alguna escena en un teatro, ...
Comentarios
Publicar un comentario